
We drive regulatory, legal and environmental transformation in Latin America
Nuestra historia
El nombre no es casual. Nalanda fue la primera gran universidad del mundo, fundada en la India en el siglo V, convocó a las mentes más brillantes de Asia -y más allá- para producir conocimiento y diseminarlo por el continente. Esa imagen -rigor intelectual al servicio de una región- es exactamente lo que nos propusimos construir para América Latina.
Nalanda Analytica nació en 2020 de una convicción compartida por sus cofundadores: que la región tiene un potencial transformador que instituciones y políticas adecuadas pueden desbloquear. Formados en las mejores universidades del mundo y con décadas de experiencia en gobiernos, organismos internacionales y sector privado a lo largo de América Latina, creamos una firma que no existía: una que combina profundidad analítica, visión estratégica y capacidad operativa para hacer que las cosas ocurran en condiciones de alta complejidad.
Operamos a través de una red de expertos en cada país de la región -no como corresponsales, sino como colaboradores de primer nivel con quienes llevamos años trabajando.


Nuestro Enfoque
Los problemas que enfrentan nuestros clientes -gremios, gobiernos, empresas en sectores críticos- raramente tienen una sola dimensión. Son al mismo tiempo técnicos, jurídicos, políticos y reputacionales. Por eso no nos organizamos como una firma legal, una consultora convencional o un think tank. Somos las tres cosas a la vez, cuando el problema lo requiere.
Esa forma de trabajar nace de tres convicciones.
Que diseñar mejores soluciones requiere reconocer los sesgos propios y aproximarse a los problemas desde múltiples perspectivas: no sólo desde la experticia técnica, sino incorporando participación, competencia y resiliencia como dimensiones centrales del análisis.
Que la eficacia de cualquier respuesta regulatoria o legal exige revisar continuamente los paradigmas técnicos, económicos y de gobernanza que la sustentan. Los marcos envejecen; los problemas, no.
Y que el desarrollo de América Latina depende, en última instancia, de instituciones y políticas capaces de responder con inteligencia y oportunidad a las necesidades reales de su población.
Estas convicciones guían tanto el diseño de una reforma regulatoria, como la facilitación de espacios de co-creación entre actores en conflicto por recursos como el agua, o una intervención ante altas cortes.